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Sin intención de retornar a lejanos tiempos, nos adentramos en una de las represiones sociales más descaradas de la sociedad actual. No sabemos si es más grave la represión en sí o la peligrosa aceptación que todas las personas sufrimos.
Los medios de comunicación masivos, como extensión de los brazos políticos, abrazan cálidamente el nicho familiar. La televisión con su superlativa veracidad, se sitúa en un lugar privilegiado de nuestras viviendas. Y es que, lo que diga la televisión “va a misa”.
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